El pasado jueves 3 de noviembre se entregó en la categoría opinión y análisis en televisión el premio Simón Bolívar de periodismo versión 2016 a  los  creadores de “La Pulla” del diario el Espectador.   Es de resaltar el hecho insólito que “La Pulla” no es un espacio o programa televisivo, observando una trasgresión muy agresiva de los medios digitales en el terreno de los medios tradicionales y un fenómeno de desplazamiento del público hacia los contenidos de las aplicaciones llamadas OTT (Over the top) como en este caso el canal de YouTube del mencionado diario.

Y es que el cambio  del actual modelo colombiano de TV tradicional no da más espera. La innovación tecnológica de servicios OTT como Netflix, Epix, Qubit Tv y Crackle  han  trasformado de forma viral  la forma de ver contenidos y TV de los colombianos. Mientras tanto  el modelo de Colombia lleva 70 años en estudios y sigue manteniendo un duopolio de dos canales de televisión privada ( el más bajo de latinomerica), sumado a un pobre interés en la licitación por un tercer canal  y el mantenimiento de la infraestructura de TV pública financiada en su 70% por los canales privados  y cableoperadores.

Los operadores Claro, Telefónica, y RTVC han tratado de responder al desafío copiando los modelos de películas online, buscando apropiarse y sacarle tajada al mercado a las OTT. Pero todos ellos tienen una gran barrera que superar; los operadores tradicionales están regulados y deben tributar al Estado Colombiano, comprar los contenidos en el extranjero para complementar su parrilla de programación, desplegar, actualizar y sostener la infraestructura de redes de trasmisión de datos. En cambio las OTT no tienen la carga impositiva tributaria Colombiana y hacen uso de los redes de los operadores tradicionales libremente para prestar sus servicios. En este caso el estado solo recibe el IVA sobre el pago por tarjeta de crédito si el medio de pago es nacional. Y con la movilidad de datos y de dispositivos, los desafíos en tributación se van haciendo más  complejos.

El operador UNE realizo una apuesta diferente, restringiendo el ancho de banda para que no funcionen las aplicaciones OTT sobre sus redes, integrando  Netflix de pago como parte de su paquete de servicios.   Pero ya que los demás operadores no tienen restringidos estos servicios OTT, esta postura es bastante dudosa e incluso se ha reportado el hackeo de los modem para que trabajen como si estuvieran ubicados en otro país. En mi opinión UNE se equivoca con este modelo, ya que los usuarios se mueven a donde puedan acceder libremente a las OTT de su preferencia sobre un ancho de banda que están pagado previamente.

Más preocupante resulta que las grandes productoras internacionales de contenidos de TV y Cine , como Warner, Universal , 20th Century Fox entre otros , se preparan para distribuir sus contenidos totalmente online y  directo al TV o dispositivo de visualización del usuario, para vender sus contenidos  sin tener que pasar a través de intermediarios, TV satelital o cable operadores . Si estos últimos  no se preparan para el cambio destructivo de su modelo de negocio debido a la tecnología, van a ver reducidas sus ganancias y a la larga desaparecer por obsolescencia.

¿Y entonces como regular lo inevitable y no morir en el intento?

Al interior del congreso colombiano se está discutiendo la creación de un ente regulador convergente de TIC y TV , el cual se encargaría de la discusión y regulación de estos aspectos y pondría en cintura  a las OTT que hagan su tránsito por las redes de comunicaciones colombianas.  Con esto se busca que estas empresas compitan en condiciones similares a las de nuestra industria y que se tomen decisiones con la velocidad a la que ocurren las innovaciones tecnológicas.

Los operadores e industria nacional alientan la implementación acelerada de este mecanismo que iguale las condiciones de regulación o desregulación y claman por la baja en los impuestos a la inversión para poder competir con las OTT. También solicitan que se desmote el subsidio a la TV pública cuyo modelo y tecnología están obsoletas y presentan contenidos que tienen baja audiencia. Con este escenario en el horizonte, el interés por la inversión privada en redes de datos  5G y 6G, y la inversión en infraestructura para ampliar cobertura de acceso y los retos de mejora de la última milla para ofrecer velocidades más altas también se encuentran en suspenso.

Las OTT obviamente se muestran con  poco interés en que se les imponga regulaciones; motivo por el cual plantean alternativas muy interesantes de modelos colaborativos. Un ejemplo de ello se presenta en  Francia, donde las OTT mantienen todos los contenidos de TV institucional al aire como parte de la parrilla de programación y es visible de forma internacional.  Por otro lado también es procedente el análisis  de modelos como el de Estados Unidos donde la regulación es adaptativa a los cambios tecnológicos de forma anual, orientada totalmente a proteger la accesibilidad, la innovación,  y centrando la competencia en la calidad de los contenidos para atraer a los usuarios.

Cualquiera que sea el modelo que se seleccione, se deberá incluir a todos los actores: Operadores, intermediarios, Estado, TV Pública, productores de contenidos, OTTS , y usuarios.  También se debe pensar en proteger nuestra cultura e idiosincrasia para que las nuevas generaciones tengan acceso a la misma, con contenidos de calidad y no solo a contenidos internacionales. Y que por supuesto no se excluya a una población que generalmente es ignorada en este tipo de decisiones: La de nuestra industria de desarrollo de APPs y OTTS que espera el apoyo para salir del garaje a competir a nivel internacional.

Si Colombia deja pasar esta oportunidad de cambio y adaptación de su actual modelo regulativo, y no da una participación adecuada al gasto del sector TI de similar proporción al que se da al sector de telecomunicaciones y audiovisuales, seguramente veremos que los dividendos digitales se los continua llevando alguien más.

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