Enredo tributario 3: ¿Por qué importa dónde pongas tu dinero a rentar desde 2019?

Cada nueva reforma tributaria, es una maravilla para el material de la serie de Enredos Tributarios. Hoy un enredo bien interesante: dónde poner los recursos desde 2019. Y es que desde el 1 de enero, los impuestos te pueden poner a pensar en la mejor manera de optimizar tus rendimientos financieros. La Ley 1943 del 28 de diciembre de 2018, conocida como Ley de Financiamiento (que en realidad es una reforma tributaria, pura y dura…especialmente dura) trajo unos cambios sutiles que, de no tenerse en cuenta, pueden tener unos impactos significativos para las personas naturales.

La ley, en particular, eliminó el denominado Componente Inflacionario, que en términos sencillos era la parte de los rendimientos que se comía la inflación anualmente. Este componente inflacionario, creación muy colombiana cuando la inflación superaba los dos dígitos y que tenía sentido ante cambios en precios grandes y que se presentaban de forma abrupta, se mantuvo hasta 2018 y básicamente lo que hacía era mantener una parte de los rendimientos financieros, como ingresos no constitutivos de renta. Es decir, un porcentaje de los rendimientos generados por una inversión, por definición, estaban totalmente excluidos de cualquier tributación. Este porcentaje, la mayoría de las veces, era superior al 50% de los rendimientos generados.

Sin embargo, el artículo 40-1 fue derogado por la reforma, lo que acaba con el componente inflacionario, que se definía como “el resultado de dividir la tasa de inflación del respectivo año gravable,…, por la tasa de captación más representativa del mercado…”, lo que traduciendo en lenguaje sencillo, era dividir la tasa de inflación por una tasa de interés. Así, si la inflación en un año era el 4%, y la tasa de captación más representativa del mercado era el 5.5%, el componente inflacionario se sacaba de dividir 4 entre 5.5, que daba un resultado del 72.73% y de esta forma, de cada $100 de rendimientos generados, 72.7 era ingreso no constitutivo de renta. Es decir, solo eran ingresos gravables 37.3 pesos.

Para que sea más fácil de entender, si tenías un capital financiero de $2.000 millones que invertías, a una tasa de interés de 10%, eso en un año te generaba un interés de $200 millones, de los cuales, el 72.7% no tenía efectos fiscales; es decir, de esos $200, te restabas $145.46 millones (que no pagaban ningún impuesto), y llevabas como ingreso gravable el resto, es decir, $54.5 millones. En el mundo que conocíamos, esos 54 millones de pesos, tributaban a una tarifa de impuesto de renta de 19% que, tomando como base la fórmula establecida en la ley y suponiendo valores de UVT de 2019 ($34.270), daba un impuesto a cargo de $3.26 millones…nada mal, pues el ejercicio financiero completo te daba que, esos $2.000 millones te rindieron (descontando impuestos), $196.7 millones, una tasa efectiva del 9.84%.

Ahora, con la eliminación del Componente Inflacionario, el ejercicio es mucho más riguroso: esos $200 millones serán ingreso pleno, y en vez de una tasa de renta del 19%, irán a una tasa del 33%, la cual, haciendo el ejercicio completo, te dará un impuesto a pagar de $46.6 millones, para un rendimiento neto de $153 millones, y una tasa efectiva de retorno de 7.67%. Es decir, que el 2.33% del rendimiento, se lo consumirán los impuestos. Así las cosas, cuando pienses en la tasa de rendimiento, piensa en la tasa neta, no en la tasa bruta, pues estás olvidando una parte importante de todo el ejercicio: cuánto te llega realmente al bolsillo.

Así las cosas, como se observa con este ejemplo que es muy simplificado (pues no hemos tenido en cuenta la unificación de las cédulas tributarias, lo cual impacta aún más, pues los ingresos brutos serán mucho más altos en términos absolutos, llevándote a una tarifa de impuesto de renta más alta), existirá un fuerte impacto en el tema impositivo para muchas personas, especialmente para los denominados “rentistas de capital”. La pregunta lógica que surgirá es “¿y bueno, entonces dónde podemos poner el dinero para optimizar fiscalmente desde 2019?”…si bien las opciones no son muchas, aún queda una muy interesante, y es que la reforma mantuvo inmodificadas las condiciones de los fondos de pensiones voluntarias (FPV) para que los rendimientos generados puedan ser exentos del impuesto de renta, a saber: i) un plazo mínimo de permanencia dentro del sistema de FPV de 10 años, o; ii) que se utilicen los recursos para compra de vivienda o pago de crédito hipotecario o leasing habitacional, o; iii) que la persona cumpla los requisitos para acceder a una pensión de vejez o jubilación.

Según el artículo 126-1 del Estatuto Tributario, cumplir cualquiera de los tres requisitos puede llevar a que los rendimientos generados por tus aportes en un FPV sean exentos, lo cual haría una gran diferencia desde el punto de vista de la optimización tributaria que quieras realizar en 2019. Así las cosas, es importante que pienses, calcules y decidas qué hacer con los recursos disponibles para invertir, porque si no lo haces, puedes llevarte una sorpresa bien grande (y no propiamente una sorpresa positiva como lo vimos en el ejemplo de arriba).

Elaborado por: Alejandro Duran Echeverri

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